martes, 7 de junio de 2011

Ciencia y pseudociencia alrededor de la informatica y otras hierbas, por Borja Marcos

 
 
Creo que se puede afirmar, sin ninguna duda, que la presentación de productos de Apple de hoy marca un antes y un después, que lo que hasta ahora ha sido un matrimonio muy mal avenido, el de la industria cultural e Internet, tiene al fin la posibilidad de llegar a una reconciliación, y encima ventajosa para ambas partes.
Últimamente habían circulado extraños rumores. Amazon y Google estaban tratando de poner en marcha un servicio de "música en la nube" y andaban inmersos (o más bien flotando panza arriba, sin conseguir sumergirse) en una complicada negociación de "acuerdos de licencia" para poder aplicar dicho servicio a la reproducción de música.
La cosa sonaba francamente surrealista. ¿Por qué iba a ser necesaria una licencia para que un usuario almacenara su música en un sitio remoto y accediera a ella a través de Internet? Por otro lado, la explicación parecía sencilla. En un mundo en el que la industria cultural considera que tiene el derecho de cobrar un impuesto de cualquier cosa relacionada con la música, no olvidemos lo que pasó cuando se lanzó el iPod, que las majors quisieron pedir un porcentaje de las ventas a Apple, parecía tener cierto extraño sentido. "¿Su servicio tiene que ver con la música? Pues en ese caso, pague usted porque a mi me da la gana".
Sin embargo, tengo que decir que me he equivocado de plano. No se qué habrán estado negociando las discográficas con Google y Amazon, pero los términos del acuerdo con Apple son realmente sorprendentes. Y tengo que decir que, para variar, incluso surrealistas pero en el buen sentido.
En lo que respecta a la música, este nuevo servicio, llamado iCloud, se basa en algo muy simple: si he comprado tal o cual canción a la tienda de Apple y, lógicamente, ellos saben que la tengo, ¿para qué voy a tener que mandarla otra vez a los servidores de Apple? Basta con que ellos añadan su copia a mi almacén de música "en la nube". Ahorramos un montón de recursos así, y tendré mi música accesible desde donde me plazca, sin problemas.
Hasta aquí, tecnicismos legales aparte, la cosa no debería tener demasiado misterio. De hecho, era lo que pensaba que estaban negociando Amazon y Google. Y tampoco entendía por qué iba a ser necesaria una licencia. Una vez más, en un espacio surrealista todo es posible a la hora de cobrar, claro.
 
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